“Nos han querido ocultar y desaparecer"
- El Rostro NegadoMX

- 3 mar 2021
- 4 min de lectura
Montserrat Ramos Ojeda
“Nací del color de la tierra de un baño de fuego y vapor”
Semilla de piedra, Lila Downs
Desde niños nos inculcaron la idea de que somos el resultado de un intercambio cultural “bilateral”, es decir, que somos consecuencia de una mezcla entre españoles e indígenas, desarrollando así la idea del famoso Mestizaje en México; y además nos casaron con el pensamiento de que “ser mexicano es igual a ser mestizo”.
Nos han sembrado la idea de que todas y todos los mexicanos somos iguales, pero esa es una mentira muy bonita y adornada, así como un pensamiento que desde afuera pareciera ser algo “positivo”; pero al observar con cuidado podemos apreciar que es diferente a lo que nos han contado.
La realidad es que el Mestizaje ha sido utilizado como un discurso político “unificador”, como un proceso de asimilación y homogenización y que a su vez ha sido el motor de algo mucho más grande, que ha estado oculto a los ojos de todas y todos los mexicanos; el mestizaje se ha encargado de perpetuar, normalizar e invisibilizar el racismo en México; “de querer blanquearlo todo”.
Cabe aclarar que en nuestro país no surgió una descendencia mestiza homogénea, como se nos ha hecho pensar, sino una diversidad genética de mexicanas y mexicanos; y muchas de sus expresiones fenotípicas son de mexicas, mayas, chichimecas, tlaxcaltecas, zapotecas, entre otros, y por supuesto de africanos, que se enfrentaron con una organización militar, política, religiosa e ideológica formada por extremeños, vascos, catalanes, austriacos, gallegos y muchos otros; y eso sin contar a los migrantes de otros países que se han incorporado a lo largo de los años.
El mestizaje se convirtió en una neutralización cultural eficaz para esconder prácticas de exclusión étnica, además de la falsa creencia de que la identidad cultural es como un accesorio que podemos conservar o eliminar a placer.
Es importante resaltar que en este proceso de mestizaje, se nos ha inculcado que entre más “mestizo” eres ,( es decir “entre menos moreno”) mejor; casualmente mas blanco eres más rico, más blanco eres más globalizado y actualizado, más blanco eres más bello; en conclusión “más blanco es mejor”.
Esto ha traído consecuencias negativas para las comunidades (indígenas y afrodescendientes) que viven en resistencia desde hace 500 años, luchando por su permanencia, por su legado, por sus derechos, por el acceso a mayores y mejores oportunidades, por ser VISTOS; pero también ha traído consecuencias para todas y todos los demás mexicanos.
El mestizaje se ha encargado de encubrir lo evidente, EL RACISMO EN MÉXICO EXISTE, ES UN SISTEMA Y NOS HA QUERIDO OCULTAR Y DESAPARECER.
“El mestizaje es aliado directo del racismo en México.”
La triste realidad es que el racismo en México es un problema latente, tan arraigado en nuestra sociedad que pasa casi desapercibido, se confunde con el clasismo, con los estándares de belleza, con la diferencia entre la “gente bien” y la que no es, etc.; pero la realidad es otra, el racismo ha dividido a la población de manera desatinada, separándonos y clasificándonos por nuestro color de piel; el sistema se ha encargado de mantenernos abajo y de impedirnos a toda costa que podamos cambiar nuestra situación.
En México, el color de piel es un atajo “efectivo” y “práctico” para ubicar a las personas en una jerarquía social y económica determinada; estos prejuicios podrían resultar un poco sorprendentes y poco creíbles, pero la realidad es que los contextos sociales mexicanos son tan contrastantes que no cabe duda que cuando hablamos del racismo en nuestro país no podemos dejar de hablar sobre la desigualdad económica, social y política de todas y todos los mexicanos.
El problema del racismo en México subsiste porque las diferencias “racializadas” están tan profundamente normalizadas en todos los niveles de la sociedad que no somos conscientes del daño que pueden provocar; además de que nuestro país aún tiene una relación difícil con el tema del racismo, pues recién comienza a hablarse abiertamente sobre él.
Y es que el mestizaje y el racismo están tan arraigados a la ideología mexicana que se han encargado de que neguemos nuestro pasado, de sentir vergüenza por quienes somos, y de sentirnos ofendidos por parecernos a nuestros antepasados, por ejemplo, el peor insulto que puede recibir un mexicano es que le digan “INDIO”, ser llamado "indio" o "negro" aún marca la vida de las personas, lo que éstas pueden demandar o solicitar y hasta dónde se les permite llegar.
A lo largo de mi vida he sido víctima del sistema racista que impera en nuestro país, y es que está tan arraigado que normalmente no podemos percibir cuando nosotros mismos estamos reproduciendo actitudes, pensamientos o comentarios que ayudan a perpetuarlo, como una frase que se usa muy a menudo: “cásate con un güero para mejorar la raza” y esto no es más que una prueba de que efectivamente estamos sumergidos consciente o inconscientemente en el proceso de blanqueamiento de México.
Llegar a entender que mi color y mis rasgos físicos no cumplen con los estándares de belleza europeos que en el país se han instaurado, ha sido un proceso largo y un tanto complicado, puesto que es difícil luchar contra toda una estructura de ideas preconcebidas y contra todo el bombardeo de prejuicios que nos rodean.
Se han encargado de reprimirnos, de hacernos invisibles y de hacernos sentir que si no somos más “güeros”, no pertenecemos a algunos sitios, rangos o categorías.
Sin duda en nuestro país importa demasiado el color de piel, pero estamos a tiempo de reaccionar, de comenzar a transformar, de desmontar y de deconstruir.
Opino que la equidad, igualdad, empatía y el no ser indiferentes son clave para una sociedad sin opresión y más justa; alcanzarla conlleva un enorme responsabilidad para sumarnos a la lucha y exigir que todas y todos tengamos las mismas oportunidades y derechos; comenzando por evitar insultos o prejuicios que pongan de manifiesto un racismo internalizado, hasta poner de nuestra parte para impedir injusticias y obstáculos basadas en nuestro color de piel y nuestro aspecto físico.
“En una sociedad racista no basta con no ser racista, hay que ser antirracista”
-Angela Davis

Lenin Montserrat Ramos Ojeda, 24 años, originaria de Miahuatlán de Porfirio Díaz, Oaxaca; egresada de la Licenciatura en Derecho de la Facultad de Estudios Superiores Aragón de la Universidad Nacional Autónoma de México, Directora y Fundadora de la organización antirracista "BASTA Racismo Mx"; axtivista antirracista y en pro de derechos humanos.



Comentarios